China supera a EEUU en investigación y está a punto de quitarle el liderazgo tecnológico

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China supera a EEUU en investigación y está a punto de quitarle el liderazgo tecnológico

Key Takeaways

  • 1El rápido ascenso de China en la ciencia ha alcanzado un hito.
  • 2La inversión del país en investigación y desarrollo ha llegado a la paridad con —y según las medidas de poder adquisitivo, ha superado— la de Estados Unidos, según un informe de marzo de 2026 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
  • 3Ambas naciones han superado el umbral del billón de dólares en gasto en investigación.
  • 4Durante 80 años, Estados Unidos dirigió la empresa científica y tecnológica más productiva de la historia de la humanidad.
  • 5Los avances y descubrimientos procedentes de los laboratorios estadounidenses incluyen internet; la vacuna de ARN mensajero; el transistor y sus derivados, los semiconductores y los microprocesadores; el Sistema de Posicionamiento Global; y muchos más.

El rápido ascenso de China en la ciencia ha alcanzado un hito. La inversión del país en investigación y desarrollo ha llegado a la paridad con —y según las medidas de poder adquisitivo, ha superado— la de Estados Unidos, según un informe de marzo de 2026 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Ambas naciones han superado el umbral del billón de dólares en gasto en investigación. Durante 80 años, Estados Unidos dirigió la empresa científica y tecnológica más productiva de la historia de la humanidad. Los avances y descubrimientos procedentes de los laboratorios estadounidenses incluyen internet; la vacuna de ARN mensajero; el transistor y sus derivados, los semiconductores y los microprocesadores; el Sistema de Posicionamiento Global; y muchos más. El liderazgo científico y tecnológico de Estados Unidos se forjó gracias a una inversión pública sostenida en universidades de investigación y laboratorios federales, así como a una cultura de libre investigación. Estas inversiones convirtieron el descubrimiento científico en fortaleza económica, al representar más del 20 % de todo el crecimiento de la productividad estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial.

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En cambio, China había destinado hasta entonces escasos o nulos recursos a la investigación y el desarrollo. Algunas estimaciones muestran que China se encontraba entre los países con menor gasto en investigación del mundo en 1980. Como analista de políticas e investigador de asuntos públicos, estudio la colaboración internacional en ciencia y tecnología y sus implicaciones para las políticas públicas y exteriores. He seguido el ascenso de China en todas las principales bases de datos durante más de una década.

Los informes más recientes que muestran que China supera ahora a Estados Unidos en gasto en investigación científica y tecnológica representan un punto de inflexión que merece comprenderse con claridad, pues históricamente el liderazgo mundial en un sector —incluidos la tecnología y la guerra— repercute en otros. El dominio de Estados Unidos está en entredicho. El ascenso sistemático e implacable de China El hito del gasto chino en I+D corona una serie de logros que se han ido alcanzando en rápida sucesión. En 2019, China superó a Estados Unidos en su proporción de artículos entre el 1 % más citado, lo que algunos denominan la clase Nobel de la investigación. En 2022, ocupó el primer puesto mundial en artículos más citados en general. En 2024, China superó a Estados Unidos en publicaciones científicas totales, la primera vez que una nación desplaza el dominio estadounidense desde que el propio Estados Unidos superó al Reino Unido en 1948. Los investigadores descubrieron que China adelantó a Estados Unidos en producción científica incluso antes. Ese mismo año, China se situó por delante en el Índice Nature, que rastrea las publicaciones en las revistas científicas más selectas del mundo, con una ventaja del 17 % sobre Estados Unidos en publicaciones consideradas durante mucho tiempo el modelo de excelencia científica. En 2024, las entidades chinas presentaron aproximadamente 1,8 millones de solicitudes de patente, frente a las 603.191 solicitudes de Estados Unidos. Ante estos hitos, cabe argumentar que China está tomando rápidamente la delantera en ciencia y tecnología a escala mundial. No se trata de datos aislados. Marcan un cambio estructural en la frontera científica mundial. Más ciencia es bueno, pero hay un problema El ascenso de China es, en cierto sentido, una buena noticia. Un mayor conocimiento, generado por más investigadores en más instituciones, amplía el acervo mundial de descubrimientos del que todos podemos beneficiarnos. El mundo se beneficia cuando la ciencia prospera. El problema no es que China invierta, sino que Estados Unidos no lo haga. En primer lugar, Estados Unidos está desinvirtiendo en ciencia básica y abierta. El gasto federal en I+D en Estados Unidos alcanzó su máximo en 2010, con aproximadamente 160.000 millones de dólares, y cayó más de un 15 % en los cinco años siguientes. La inversión federal en investigación y desarrollo ha experimentado un descenso largo y paulatino —desde un máximo del 1,86 % del producto interior bruto en 1964 hasta aproximadamente el 0,66 % en 2021—. El Gobierno federal ya no es el mayor inversor en I+D: financió aproximadamente el 40 % de la investigación básica en 2022, mientras que el sector empresarial realizó cerca del 78 % de la I+D estadounidense. Aunque no supone un problema en sí mismo, la industria se ha retirado simultáneamente de la publicación científica abierta durante los últimos cuatro decenios, desplazándose de la investigación hacia el desarrollo. El resultado es un acervo menguante de conocimiento científico compartido de forma abierta, precisamente cuando la inversión pública en él también se contrae. Bajo la segunda Administración Trump, los organismos científicos del Gobierno de Estados Unidos han estado retrasando las propuestas de nueva investigación. Los actuales recortes presupuestarios de la Casa Blanca amenazan con ahondar significativamente las reducciones del gasto público. El segundo factor es la restricción activa del intercambio científico: el endurecimiento del acceso a las instituciones estadounidenses, el escrutinio de las colaboraciones internacionales y el levantamiento de barreras para los investigadores de origen extranjero. Estas políticas, aunque concebidas como medidas de seguridad, van en contra de la apertura que históricamente ha hecho que la ciencia estadounidense sea productiva y atractiva para el talento mundial. Describo esta cuestión como un ejemplo de la paradoja del corral, en la que asegurar los activos de investigación puede debilitar el propio sistema que estas medidas pretenden proteger. Una desinversión profunda El mayor peligro para la economía estadounidense es que la desinversión y la participación selectiva en la investigación erosionan la capacidad de utilizar la ciencia de vanguardia independientemente del lugar donde se produzca. Absorber y aplicar el conocimiento de vanguardia, ya sea desarrollado en Boston o en Pekín, requiere mantener instituciones de investigación y personal cualificado, así como una participación activa en las redes mundiales. No es un proceso pasivo. No es posible aprovecharse de la ciencia china si se ha desmantelado el capital institucional y humano necesario para evaluarla, traducirla y aplicarla. Una nación que vacía su base investigadora no solo se queda rezagada, sino que también pierde progresivamente su capacidad de beneficiarse de la ciencia, incluso en tecnologías a las que ya tiene acceso. El talento agrava el problema. Estados Unidos construyó su dominio científico en parte por ser el destino preferido de los investigadores más ambiciosos del mundo. Estados Unidos encabeza el mundo en Premios Nobel, pero, significativamente, el 40 % de los Premios Nobel de química, medicina y física concedidos a estadounidenses desde el año 2000 fueron obtenidos por inmigrantes. El flujo de talento extranjero no está garantizado: sigue las oportunidades, la financiación y la apertura. Los investigadores que en otro tiempo habrían acudido a las universidades estadounidenses encuentran alternativas acogedoras en Europa, China y otros países. Alrededor del 75 % de los investigadores estadounidenses están considerando abandonar el país debido a las políticas de financiación de la Administración Trump. Una encrucijada, no una tendencia El hito de China en la financiación de la investigación llega en un momento en que Estados Unidos decide si mantiene su liderazgo científico. La infraestructura científica no declina gradualmente para recuperarse cuando se desee. Los científicos con doctorado representan una década o más de formación; el conocimiento tácito de laboratorio reside en grupos de investigación activos, no en documentos. Una vez que los jóvenes investigadores talentosos abandonan el sistema —o el talento internacional se redirige hacia otros países—, la capacidad es muy difícil de reconstruir. Las primeras señales de alarma ya son visibles en el sistema estadounidense: miles de subvenciones de los NIH suprimidas, un desplome de las solicitudes internacionales y un éxodo de científicos en las primeras etapas de su carrera. Lo que está en juego no es una clasificación. Es si Estados Unidos mantiene la capacidad institucional —las universidades, los laboratorios federales, los cauces de formación de posgrado, la cultura de libre indagación— que en primer lugar hizo posibles esos rendimientos de la inversión científica. El ascenso de China no ha creado esta encrucijada, aunque la pone de relieve con nitidez. ¿Desea todavía Estados Unidos liderar la ciencia? La Fundación de Tecnología de la Información e Innovación, un grupo de reflexión sin ánimo de lucro, estima que un recorte del 20 % en la I+D federal a partir del ejercicio fiscal 2026 reduciría la economía estadounidense en casi un billón de dólares en diez años y disminuiría los ingresos fiscales en unos 250.000 millones de dólares. Otros señalan que la empresa científica ha contribuido a al menos la mitad del crecimiento económico de Estados Unidos. Es demasiado como para perderlo.

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