Taylor Swift quiere patentarse para luchar contra la inteligencia artificial

Global AI Watch··5 min read·El Confidencial Tech
Taylor Swift quiere patentarse para luchar contra la inteligencia artificial

Key Takeaways

  • 1¿Puede Taylor Swift registrar sus propios derechos de autor frente a los abusos de la inteligencia artificial? La respuesta corta es no, todavía no.
  • 2Básicamente, seguimos frenados por instituciones centenarias que intentan regular una tecnología sin precedentes.
  • 3Tal y como están las cosas hoy en día, el Gobierno estadounidense insiste en que, para obtener derechos de autor, un ser humano debe ser el creador de lo que se quiere proteger.
  • 4Puedes registrar los derechos de autor de una foto tuya.
  • 5No puedes registrar tu propio rostro biológico ni el sonido natural de tu voz.

¿Puede Taylor Swift registrar sus propios derechos de autor frente a los abusos de la inteligencia artificial? La respuesta corta es no, todavía no. Básicamente, seguimos frenados por instituciones centenarias que intentan regular una tecnología sin precedentes. Tal y como están las cosas hoy en día, el Gobierno estadounidense insiste en que, para obtener derechos de autor, un ser humano debe ser el creador de lo que se quiere proteger. Puedes registrar los derechos de autor de una foto tuya. No puedes registrar tu propio rostro biológico ni el sonido natural de tu voz. Ese muro podría tener grietas, como me dijo en una entrevista por correo electrónico Jeanne C. Fromer, vicedecana y catedrática de Derecho de la Propiedad Intelectual en la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York: "Hace tiempo que pienso que en realidad esto no está del todo asentado, ya que el Tribunal Supremo nunca ha dictaminado de forma definitiva que la autoría deba ser de origen humano, y las leyes de derechos de autor promulgadas por el Congreso tampoco lo dejan meridianamente claro". Esa ambigüedad legal deja la puerta abierta de par en par a litigios masivos en un futuro próximo y a posibles cambios. Solo el Gobierno danés se ha dado cuenta, en un esfuerzo por ofrecer a sus ciudadanos protección contra la clonación mediante inteligencia artificial, de que necesitaba incluir los rasgos personales de forma directa en la ley de propiedad intelectual. El año pasado, el país reescribió su código legal para garantizar que los residentes sean estrictamente dueños de los derechos de sus rostros biológicos y sus voces naturales al hablar. El ministro de Cultura danés, Jakob Engel-Schmidt, lo resumió a la perfección entonces: "Los seres humanos no pueden ser procesados por una fotocopiadora digital y utilizarse de forma indebida para todo tipo de fines, y no estoy dispuesto a aceptarlo".

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Swift traspasa los límites En Estados Unidos y en el resto del mundo, sin embargo, por ahora no tenemos tanta suerte. Y hasta que nuestras leyes se pongan al día, las mayores estrellas del mundo están recurriendo a trucos legales creativos. Eso nos lleva a las acciones actuales de Swift. No está registrando sus propios derechos de autor, sino que intenta instrumentalizar la normativa sobre marcas comerciales: a finales de abril, el brazo corporativo de Swift, TAS Rights Management, presentó tres solicitudes de propiedad intelectual. Dos de las peticiones se centran en breves fragmentos de audio de la cantante presentándose por su nombre. La tercera persigue una marca visual hiperespecífica, y busca blindar legalmente un fotograma congelado de su actuación en directo, con detalles precisos sobre su vestuario, su instrumento y la iluminación del escenario. La urgencia tiene sentido: internet ya está inundado de clones falsos de Swift, que van desde ultrafalsificaciones muy realistas y anuncios políticos fraudulentos amplificados por Donald Trump hasta contenido sintético producido en masa por el software de Meta. Al reclamar la propiedad de estos fragmentos hiperespecíficos y comercializados de su identidad, Swift busca un arma que funcione a escala nacional. El abogado especializado en propiedad intelectual Josh Gerben explicó la estrategia a Variety: "[El registro de la imagen] cumple un propósito similar. Al proteger un elemento visual distintivo, incluyendo el característico mono que Swift suele llevar y su pose, el equipo de Swift puede tener más base legal para demandar contra imágenes manipuladas o generadas por inteligencia artificial que evoquen su imagen". Es una táctica inteligente, que se basa en los cimientos que Matthew McConaughey sentó el año pasado cuando registró como marca varios aspectos de su imagen pública, hasta su mítica frase en la película 'Movida del 76'. Llevar la lucha a los tribunales federales de marcas da a los famosos una herramienta mucho más contundente para acabar con los clones no autorizados de inteligencia artificial, eludiendo las caóticas y fragmentadas leyes estatales de privacidad. Pero una marca comercial no es un derecho de autor. Intentar atajar las ultrafalsificaciones una por una alegando infracción de marcas comerciales es un juego de ricos. La alternativa del modelo de inteligencia artificial Ese es justo el motivo por el que las empresas tecnológicas están llenando el vacío legal, impulsando un sistema que proteja tanto a las élites de Hollywood como a los ciudadanos de a pie. Metaphysic —ahora Brahma.ai— es famosa por crear gemelos digitales muy realistas de famosos, básicamente modelos adaptados a cada individuo. Al codificar miles de vídeos e imágenes seleccionados en un modelo de inteligencia artificial, se puede abrir de hecho la puerta a registrar los derechos de autor de la propia persona.

La tecnología de Metaphysic se utilizó para aplicar efectos visuales en tiempo real con el fin de rejuvenecer a Tom Hanks y a Robin Wright en el propio plató de la película 'Here' de Robert Zemeckis. Tanto Hanks como Wright, además de otros artistas no identificados, son ahora dueños de su imagen digital, que en el futuro podría ser utilizada por sus herederos para participar en películas y series tras su muerte. Esto es algo que actores como McConaughey —quien dijo hace poco que no había forma de detener el abuso de la inteligencia artificial, salvo subirse al carro y controlarla— también quieren hacer: "“Ya está aquí, ¿de acuerdo? Así que, te digo, toma posesión de ti mismo… tu voz, tu imagen, etc. Regístralo como marca, lo que sea necesario. Así, cuando llegue el momento, nadie podrá robarte".

Como me dijo en una entrevista el presidente de Brahma, Tom Graham —entonces director ejecutivo de Metaphysic—, su objetivo a largo plazo es poner este poder en manos del público. Para eludir las estrictas normas del Gobierno en materia de derechos de autor, su plataforma permite a los usuarios seleccionar manualmente los datos que entrenan al modelo. En teoría, esto abre la puerta a utilizar el argumento de la 'creación humana' y conseguir que tu gemelo de inteligencia artificial quede protegido por derechos de autor. "Lo que estamos haciendo aquí es crear tu personaje de inteligencia artificial. Así que, al igual que Disney puede ser titular de Mickey Mouse y de los personajes de Avatar, tú puedes ser dueño del personaje que resulta ser tu viva imagen", me dijo Graham. Señaló sin tapujos que se trata de "activismo legal", forzando las viejas normas para adaptarlas a una nueva realidad. Obtener los derechos de autor desbloquea el enorme poder de la Ley de Derechos de Autor de la Era Digital (DMCA) de Estados Unidos, que dota a la gente corriente de una herramienta realmente efectiva. "Si Ronaldo se queja de un vídeo manipulado suyo, una plataforma retirará el vídeo", dijo Graham. "Pero si un ciudadano cualquiera se queja de su derecho a la propia imagen o a la privacidad, la plataforma se encogerá de hombros. A menos que ese ciudadano presente una reclamación acogiéndose a la DMCA, claro. Entonces YouTube retirará la ultrafalsificación al instante, porque no cumplir con un aviso de retirada de la DMCA tendrá graves consecuencias para YouTube que podrían ascender a millones de dólares".

Todos nosotros contra la inteligencia artificial Lo que nos lleva de nuevo al argumento de Fromer. La mayoría de la gente no puede gastar millones en marcas y procesos legales, por lo que el verdadero santo grial para los abogados es obligar al Gobierno a admitir que utilizar un algoritmo como el que propone Graham no borra la autoría humana. Si los creadores de carne y hueso son los que controlan de forma estricta y ajustan la inteligencia artificial en cada paso, Fromer sostiene que puede categorizarse como creación humana y, por lo tanto, puede estar sujeta a derechos de autor. "Una forma de ver esta situación es como una versión más complicada de utilizar Microsoft Word o Photoshop para crear arte, en contraposición a desplegar un software que no implique suficiente creación humana", afirma. Aun así, duda mucho que el Congreso vaya a reescribir las leyes reales para aceptar la autoría de las máquinas, "a menos que haya grupos industriales influyentes que presionen mucho sobre esto, y quizá ni siquiera así". Con modelos de inteligencia artificial generativa como Seedance 2.0 de Bytedance, Kling 3.0 o el nuevo HappyHorse 1.0 de Alibaba, que supera a los dos reyes anteriores de la generación de vídeo, es imperativo que los legisladores despierten. Estos modelos de vídeo demuestran que el ministro de Cultura danés tiene toda la razón del mundo cuando declaró la urgencia de la ley que aprobó su Gobierno. Necesitamos detener este problema de forma decisiva. El enfoque legislativo de Dinamarca ofrece una vía más directa que los complejos rodeos necesarios en países como Estados Unidos. Hasta que Estados Unidos abandone sus reglas arcaicas y dé el paso, Swift se verá obligada a depender de enrevesados trucos de marcas comerciales solo para poder luchar contra la avalancha de material de inteligencia artificial que abusa de su preciada imagen. Y los seguidores de Swift tendrán que mirar desde la barrera, con la esperanza de que los legisladores actúen lo antes posible para proteger plenamente la imagen de su reina y también la suya propia.

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