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SETI explica por qué pueden haber 'perdido' mensajes de civilizaciones interestelares

Global AI Watch · Editorial Team··4 min read·El Confidencial Tech
SETI explica por qué pueden haber 'perdido' mensajes de civilizaciones interestelares

Key Points

  • 1Investigadores del Instituto SETI, liderados por Vishal Gajjar y Grayce Brown, han revelado la posible razón por la que la humanidad lleva décadas fracasando en la detección de civilizaciones en otros sistemas estelares.
  • 2Usando la calibración de datos empíricos procedentes de las sondas de nuestro propio sistema solar, los científicos han demostrado que los vientos de plasma estelar en el espacio profundo distorsionan físicamente las emisiones de radio mucho antes de que puedan alcanzar nuestros radiotelescopios terrestres.
  • 3Este descubrimiento dinamita la premisa fundamental sobre la que se ha sostenido la búsqueda SETI durante el último medio siglo.
  • 4Hasta ahora, los astrónomos rastreaban el firmamento buscando picos de frecuencia afilados, asumiendo que el vacío cósmico preservaría la integridad geométrica de las ondas.
  • 5La constatación matemática de que la actividad de las estrellas anfitrionas difumina estas transmisiones obliga a reconfigurar por completo nuestra estrategia de escucha para abrazar la banda ancha, aseguran en un nuevo estudio publicado en el diario científico The Astrophysical Journal.

Investigadores del Instituto SETI, liderados por Vishal Gajjar y Grayce Brown, han revelado la posible razón por la que la humanidad lleva décadas fracasando en la detección de civilizaciones en otros sistemas estelares. Usando la calibración de datos empíricos procedentes de las sondas de nuestro propio sistema solar, los científicos han demostrado que los vientos de plasma estelar en el espacio profundo distorsionan físicamente las emisiones de radio mucho antes de que puedan alcanzar nuestros radiotelescopios terrestres. Este descubrimiento dinamita la premisa fundamental sobre la que se ha sostenido la búsqueda SETI durante el último medio siglo. Hasta ahora, los astrónomos rastreaban el firmamento buscando picos de frecuencia afilados, asumiendo que el vacío cósmico preservaría la integridad geométrica de las ondas. La constatación matemática de que la actividad de las estrellas anfitrionas difumina estas transmisiones obliga a reconfigurar por completo nuestra estrategia de escucha para abrazar la banda ancha, aseguran en un nuevo estudio publicado en el diario científico The Astrophysical Journal.

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Muro de plasma estelar El mecanismo físico que evita que nuestros instrumentos puedan recoger la señal es la turbulencia electromagnética que rodea a cualquier planeta emisor. Imagina un haz de luz láser perfecto intentando atravesar una espesa tormenta de nieve invernal. Los cristales de hielo fracturan y dispersan los fotones, transformando un punto brillante en un resplandor difuso e irreconocible. Lo mismo pasa cuando una onda de radio atraviesa el viento estelar, las fluctuaciones de densidad del plasma ensanchan su frecuencia. Los cálculos revelan que una emisión original de 100 megahercios puede llegar a ensancharse hasta 100 hercios, difuminando su potencia máxima y volviéndola invisible para la tecnología de detección SETI actual. Esta degradación espectral empeora aún más durante los episodios de clima espacial extremo. Una simple eyección de masa coronal puede multiplicar el ensanchamiento de la señal en varios órdenes de magnitud, destruyendo la estructura original de las ondas. El proyecto, impulsado por el programa STRIDE del SETI gracias al fondo Franklin Antonio Bequest, afirma que las estrellas enanas rojas son las más destructivas para estas transmisiones. Estas estrellas representan el 75 por ciento del censo estelar de la Vía Láctea. El 70 por ciento de los sistemas asociados a enanas rojas, aseguran, generan más de 1 hercio de ensanchamiento, redistribuyendo la energía de la onda y suprimiendo el pico de señal que buscan nuestros radares. Esta dispersión de energía convierte los actuales protocolos de detección en herramientas inútiles. Como explica el autor principal Vishal Gajjar, "las búsquedas del SETI suelen estar optimizadas para señales extremadamente estrechas. Si una señal resulta ensanchada por el entorno de su propia estrella, puede caer por debajo de nuestros umbrales de detección, incluso si está ahí, lo que podría ayudar a explicar parte del silencio de radio que hemos visto en las búsquedas de tecno-firmas". Su colega Grayce Brown subraya que esta cruda cuantificación empírica nos permite por fin calibrar la maquinaria para la realidad física: "Al cuantificar cómo la actividad estelar puede remodelar las señales de banda estrecha, podemos diseñar búsquedas que se ajusten mejor a lo que realmente llega a la Tierra, no solo a lo que podría transmitirse".

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Enfoque obsoleto Más allá de la hostilidad del plasma interestelar, la propia evolución de la ingeniería de telecomunicaciones demuestra que nuestro enfoque es arcaico. Simon George, investigador del SETI, constata que "la idea de que una civilización inteligente enviaría tales señales se está quedando anticuada, especialmente cuando observas cómo han evolucionado las comunicaciones y demás desde la década de 1960". Si observamos la Tierra como si fuera un exoplaneta distante, resulta evidente que "mientras la Tierra era una fuerte fuente de banda estrecha en la década de 1960, ahora lo es mucho menos con una tendencia continua a la baja". La civilización humana ha experimentado "un movimiento dramático hacia técnicas de banda ancha y espectro ensanchado ya que estas pueden transportar mucha más información", un patrón lógico para cualquier inteligencia superior, a menos que "una civilización inteligente estuviera enviando intencionalmente una baliza diseñada para ser obvia y fácil de detectar". A esta ceguera metodológica se suma la extrema precariedad tecnológica que ha lastrado a los astrónomos durante décadas. La incipiente inteligencia artificial y la computación moderna están empezando a revertir la incapacidad histórica para separar las señales reales del ruido cósmico de fondo. John Elliott, de la Universidad de St Andrews, resta dramatismo a la falta de resultados argumentando que sólo llevamos escuchando activamente unos 50 años. "Eso es un parpadeo, cuando lo piensas", apunta. "Hasta hace poco, realmente no teníamos el equipo, la potencia de cálculo, para hacer nada realmente significativo. Hemos estado un poco a tientas en la oscuridad". A pesar de los nuevos modelos empíricos, las matemáticas de la probabilidad siguen siendo implacables. Eric Atwell, investigador de la Universidad de Leeds que colaboró con el SETI a principios de milenio, afirma que este hallazgo apenas eleva las posibilidades de éxito del 0,0001 por ciento al 0,0002 por ciento. "Sigue siendo una probabilidad muy baja", asegura Atwell a New Scientist, aunque defiende el valor del método científico por descarte. "No creo que hayan perdido el tiempo. Han estado probando cosas, y tienen pruebas bastante sólidas de que lo que están intentando no funciona, porque aún no han encontrado nada", añade el investigador. Para Atwell, el sistema actual de buscar anomalías espaciales sigue siendo "una forma bastante aleatoria de encontrar vida inteligente".

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